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Traducido por Fernando Battaglini
En esta era de sobrecarga de información, ya hemos superado en cierta medida el punto máximo del fenómeno del prospecto que ya no genera tanta expectación. Todo el concepto se basa en la capacidad de percibir algo que la mayoría de la gente no ve, en un momento en que todos tienen acceso a una gran cantidad de información pública sobre las características y el rendimiento de un jugador. No es que este tipo de descubrimientos ya no existan, sino que a menudo un mayor número de personas observan indicadores similares y llegan a conclusiones parecidas. Todavía hay jugadores que sorprenden con su rendimiento inesperado, como siempre, y jugadores que tardan en despuntar, pero rara vez alguien recuerda a las pocas personas que predijeron esas mejoras y se pregunta cómo lo supieron. Incluso en retrospectiva, los indicadores tienden a ser más claros con el paso de los años. Lo mismo ocurre con los equipos: ningún sistema de proyección, ni siquiera nuestro fiable PECOTA, es perfecto; de hecho, está lejos de serlo. Pero a medida que avanzan tanto la sabermetría como el análisis de talento, parece más fácil cada año saber qué equipos están en ascenso. Las sorpresas siguen siendo frecuentes, por supuesto, tanto positivas como negativas. Los Giants, sin embargo, solo han sorprendido últimamente por su mediocridad, y cada año resulta más difícil mantener la esperanza de que mejoren. Podríamos llamarlos el ejemplo de la post-post expectativas, lo cual es sinónimo de nada.
Durante mucho tiempo, los Gigantes de San Francisco representaron una seria amenaza para los Dodgers. Farhan Zaidi tenía una visión, y resultaba fascinante pensar que Silicon Valley estaba creando su propio gigante para rivalizar con la poderosa maquinaria del sur. Si el equipo fuera un joven prospecto, los años previos a la pandemia habrían sido un ascenso discreto pero prometedor en las ligas menores, y la temporada 2021 fue una irrupción explosiva, que confirmó las expectativas de quienes siempre creyeron en ellos. Luego llegó la regresión y fue contundente. Pronto, ese año mágico pareció un espejismo, y si los Gigantes fueran un prospecto consolidándose, la euforia se habría desvanecido. Es entonces cuando entran en escena Buster Posey y la era posterior al auge inicial.
Los Gigantes de 2025 terminaron con un récord de .500. Esto supuso un regreso al nivel de los Gigantes de 2022, quienes, para su desgracia, sufrieron una caída de 26 victorias después de arrebatarles a los Dodgers la única corona de la División Oeste de la Liga Nacional desde 2012. También representó una mejora de un partido con respecto a la temporada de 2024, que a su vez había sido una mejora de una victoria con respecto a la temporada anterior. Estas temporadas abarcan dos mánagers y un mánager interino; a Gabe Kapler le bastaron poco menos de dos temporadas para agotar la paciencia de la directiva tras la mítica temporada de 2021, y a Bob Melvin le tomó dos años para que su presencia se volviera insostenible. Cuando Posey anunció el despido de Melvin el pasado septiembre, calificando el final de la temporada de “decepcionante y frustrante”, sin duda tenía razón, aunque las opiniones difieren sobre el grado de culpabilidad de Melvin en el fracaso del equipo.
La temporada de los Gigantes se dividió en dos partes, algo que se ha convertido en una constante en los últimos años; en dos de las últimas tres temporadas, llegaron al receso del Juego de Estrellas con un ritmo de al menos 87 victorias y, a partir de entonces, bajaron el ritmo hasta terminar con una velocidad de crucero de 72 victorias. Es fácil culpar a la directiva, como bien aprendieron Kapler y Melvin tras sus respectivos despidos. Sin embargo, al igual que con cualquier jugador prospecto que ha tenido suficiente tiempo en las Grandes Ligas, podemos analizar la situación en detalle. La temporada pasada, el cuerpo de lanzadores de los Gigantes ocupó el puesto 16 según el DRA-, y su ofensiva fue la 22ª mejor según el DRC+. Rafael Devers y Matt Chapman fueron los únicos jugadores de San Francisco con un DRC+ superior a 105 (sin mínimo de apariciones al plato), y ninguno superó la marca de 125. No está claro de dónde puede venir la ayuda, dado que su sistema de desarrollo de prospectos ha visto graduarse a gran parte de su mejor talento, con resultados decepcionantes en la mayoría de los casos.
Los Gigantes fueron, la temporada pasada, una representación exacta de la mediocridad. Como suele ocurrir en estos casos, esa mediocridad resultó ser más producto de la suerte que de la mala fortuna, ya que las estadísticas avanzadas sugieren que el equipo era, de hecho, peor que mediocre. Logan Webb sigue siendo uno de los mejores lanzadores del béisbol, y Matt Chapman y Willy Adames han demostrado ser adiciones acertadas. Los aspectos positivos prácticamente terminan ahí. Patrick Bailey es un excelente defensor cuyo rendimiento con el bate apenas justifica su habilidad con el guante. Heliot Ramos fue un jugador promedio de las Grandes Ligas el año pasado, pero parece estar más cerca de su máximo potencial que de su nivel más bajo. A medida que el equipo se desprendía de los últimos héroes de 2021, se hizo evidente que la profundidad de la plantilla era insuficiente; solo nueve jugadores de los Gigantes, de cualquier posición, superaron un WARP el año pasado. Comparar esa cifra con la de los Dodgers sería indecente. La esperanza de contar con refuerzos internos se ha ido desvaneciendo con el paso de los años, al quedar claro que la reestructuración del sistema de ligas menores de los Gigantes no estaba dando los resultados esperados.
La solución, como cabría suponer, es la agencia libre. Los Gigantes solo han pagado el impuesto al balance competitivo (CBT) una vez últimamente, y apenas por un margen mínimo, pero contaban con unos $40 millones de dólares de margen salarial incluso antes de alcanzar el primer umbral al comienzo de la temporada invernal, quizás no lo suficiente para alcanzar a los Dodgers, pero potencialmente suficiente para superar al mediocre nivel medio de la liga. Dos semanas antes de que se presenten los lanzadores y receptores, ¿qué opinan de Harrison Bader? Al parecer, es el gran refuerzo de los Gigantes para la alineación. Lo entiendo. Es decir, esa racha de 21 años sin que ningún jugador del equipo bateara 30 cuadrangulares era obviamente la razón por la que todos en San Francisco se sentían tan desmoralizados con el futuro del equipo. Ahora que Adames rompió esa racha por el margen más pequeño posible, está claro que todo está bien con la alineación que conectó la impresionante cifra de 173 cuadrangulares el año pasado. Por cierto, no busquen cuántos palos de vuelta entera bateó el equipo en 2024, 2023, 2022 o 2021.
Claramente, si Posey considera que la alineación está completa y lista para la acción, la atención debe centrarse en el pitcheo. Por eso el club ha invertido la considerable suma de $32 millones en total durante tres temporadas en Adrian Houser y Tyler Mahle, precisamente el tipo de apoyo que un as como Webb necesita en la rotación. Lo principal que uno quiere hacer cuando ha sido superado por su odiado rival de división durante (otra) media década es gastar $15 millones menos que ellos en un relevista de 31 años, o una cuarta parte de lo que le pagaron a Kyle Tucker.
Quizás este sea el año de los Gigantes. Tal vez, si ganan 96 partidos esta temporada y recuperan el liderato de la División Oeste de la Liga Nacional, tenga que retractarme. Pero, ¿Alguien cree que eso vaya a suceder a estas alturas? Hay un punto en el ciclo de muchos jugadores “prospectos” que no cumplen las expectativas, en el que ya no se les puede considerar prospectos, pero tampoco han demostrado su valía. Esto suele preceder a un año decisivo, de ahí el término “prospecto post-expectativas”. Pero no estoy seguro de que los Gigantes siquiera se encuentren en esa situación. Están más allá de, las post-post expectativas lo que es otra forma de decir que se han adaptado a la sombra que se cierne sobre el Oeste.
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