Image credit: © Charles LeClaire-Imagn Images
Traducido por José M. Hernández Lagunes
Desde el momento en que un jugador llega a las Grandes Ligas, sus habilidades están bajo constante presión. Al principio, esas habilidades tienden a mejorar lentamente, desarrollándose de forma irregular hasta alcanzar su máximo potencial. Después de ese punto, el juego cambia. El progreso se vuelve más difícil de conseguir. Las mejoras son menores. El mantenimiento de las habilidades se vuelve crucial. Los jugadores ya no buscan tanto el crecimiento, sino que luchan por conservar lo que ya han logrado.
Nada de esto es nuevo. El béisbol siempre ha estado obsesionado con las curvas de envejecimiento. Estas influyen en las proyecciones, las valoraciones y las decisiones sobre la composición de los equipos. Los jugadores son constantemente comparados con sus compañeros, juzgados no solo por lo que han hecho, sino por lo que la historia sugiere que deberían hacer a continuación.
El problema es que estas conversaciones suelen ser superficiales. Hablamos de OPS, carreras producidas y WAR. Útiles, sí, pero poco precisas. Nos dicen lo que sucedió, no cómo un jugador está cambiando internamente a medida que envejece. Allí es donde quiero profundizar.
En lugar de la producción, este artículo analiza los procesos, específicamente las métricas de bateo. ¿Cómo evolucionan las características subyacentes del swing de los bateadores a medida que envejecen? ¿Qué mejora al principio? ¿Qué se estabiliza? ¿Qué se deteriora? Y cuando los jugadores entran en la fase de sus carreras en la que se espera un declive, ¿cómo se manifiesta realmente esa “conservación” a nivel de las métricas de bateo?
Llamémoslo Curvas de envejecimiento de las métricas de bateo. Basándonos en las ideas que Justin Choi planteó recientemente, este artículo analiza cómo las métricas de bateo ayudan a explicar qué está cambiando realmente en el interior de los jugadores a medida que envejecen y qué nos dicen esos cambios sobre la adaptación, el declive y la supervivencia de los bateadores de las Grandes Ligas.
Si las curvas de envejecimiento tienen como objetivo describir cómo los jugadores crecen, alcanzan su máximo potencial y declinan, entonces comprender la mecánica de ese proceso es tan importante como la estadística final. Analizaremos las métricas de bateo típicas que ya hemos visto, como la velocidad del bate, el ángulo de ataque, la dirección de ataque y el punto de impacto. Esto nos permitirá comprender mejor lo que intuimos y sentimos, y lo que podría ser más complejo.
Primero, comencemos con la velocidad del madero, medida por la velocidad promedio del bate (en mph) contra bolas rápidas. Es el aspecto más obvio y del que más se habla.

Cuando los jugadores ingresan a la Liga, la curva de rendimiento se ve exactamente como cabría esperar. Hay un aumento pronunciado al principio, a medida que se desarrollan físicamente y se adaptan a las exigencias del béisbol profesional. Este desarrollo suele continuar hasta mediados de los veinte, con la velocidad del bate alcanzando su punto máximo entre los veinticinco y los treinta años. Esta tabla muestra la velocidad promedio del bate por edad y el cambio entre años.

Después de eso, la tendencia cambia. La disminución no es repentina ni drástica, sino constante y predecible. Año tras año, la velocidad del bate disminuye gradualmente. Es el precio que la edad cobra inevitablemente, incluso a los atletas de élite. Nada revolucionario, pero sienta las bases para todo lo que sigue.
El ángulo de ataque es el siguiente, y aquí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes. Es uno de los primeros aspectos donde se puede observar a los jugadores haciendo verdaderas concesiones en su juego. A medida que la velocidad del bate disminuye lentamente, el ángulo de ataque tiende a aumentar a lo largo de la carrera de un jugador. A primera vista, esto podría parecer contradictorio. Pero al analizarlo con perspectiva, se entiende cómo lo manejan.
Al principio de su carrera, la velocidad pura del bate permite a los bateadores atacar la pelota con un swing más plano y aun así generar la potencia y la distancia necesarias para lograr batazos de extrabase. A medida que esa velocidad disminuye, el margen de error se reduce. Para compensar, los bateadores comienzan a aumentar la elevación del swing, como muestra el siguiente gráfico del ángulo de ataque promedio contra lanzamientos rápidos. La trayectoria del swing se inclina lo suficiente como para mantener la posibilidad de conectar batazos potentes, incluso cuando la velocidad pura disminuye.

En otras palabras, cuando la velocidad del bate disminuye, el ángulo de ataque suele aumentar, no por casualidad, sino intencionadamente. Se trata de una adaptación para mantener el rendimiento que antes se conseguía con mayor facilidad.
El ángulo de ataque no es lo único que cambia. A medida que los jugadores envejecen, también observamos un claro desplazamiento hacia el lado de bateo contrario. En concreto, el ángulo horizontal del bate aumenta aproximadamente entre 5 y 7 grados a lo largo de una carrera. Esto no es aleatorio, sino que refleja una simple realidad: batear hacia el lado contrario es una forma más sencilla de generar potencia, especialmente cuando la velocidad del bate ya no es la misma que antes. El siguiente gráfico muestra la dirección media del ataque, donde los ángulos negativos indican batazos al lado contrario.

Los bateadores veteranos parecen comprender esto de forma intuitiva. Cuando no pueden depender de la velocidad pura del bate, lo compensan intentando alinear el bate para golpear la pelota con más fuerza hacia las líneas y al callejón del lado natural, en lugar de hacia el jardín central. El jardín central es la parte más profunda de la mayoría de los parques de béisbol, y pretender que un bateador con una velocidad de bateo en declive impulse la pelota consistentemente hacia allí es una apuesta perdedora. Conectar la pelota hacia el lado natural simplifica la tarea. Este gráfico muestra el punto de intersección (en pulgadas desde el centro de masa del bateador) donde el bate contacta con la pelota.

Considerados individualmente, todos estos cambios tienen sentido. Pero el panorama se aclara cuando añadimos la pieza final: el punto de contacto y cómo cambia a lo largo de la carrera de un jugador. Con el tiempo, el punto de contacto se aleja ligeramente. Esto concuerda con los aumentos que ya hemos observado en el ángulo de ataque y el ángulo horizontal del bate. No hay sorpresas. Lo interesante es lo que no sucede.
Normalmente, cuando los bateadores mueven su punto de contacto más hacia adelante, se observa un aumento en la velocidad del madero. Sin embargo, esta relación se rompe aquí; en cambio, la velocidad del bate disminuye mientras el contacto se realiza más adelante, con un ángulo de ataque más ascendente y un enfoque más abierto hacia el lado natural.
Esta es una tensión significativa. Los jugadores están, en efecto, adelantando el punto de contacto con un swing más lento.
A medida que la velocidad del bate disminuye, los bateadores se ven obligados a comenzar su swing antes para llegar a tiempo. Al mismo tiempo, la mayor elevación y la orientación hacia el lado de bateo alargan la trayectoria que debe recorrer el bate antes del contacto. Swing más lento, inicio más temprano, trayectoria más larga.
En teoría, esto es lo contrario de lo que cabría esperar. Un contacto más adelantado suele ir acompañado de mayores velocidades del tolete, lo que proporciona más margen para que este acelere. Eso no es lo que está sucediendo aquí. En cambio, esto parece una estrategia compensatoria. A medida que la velocidad del bate disminuye, los bateadores se ven obligados a comenzar sus swings antes para llegar a tiempo. Al mismo tiempo, al adelantar el punto de contacto con mayor elevación y una orientación hacia el lado de bateo, alargan la trayectoria que debe recorrer el bate.
El resultado no es la optimización, sino la supervivencia. Los jugadores no buscan nuevas ventajas, sino que reorganizan su mecánica para preservar su rendimiento ante un declive físico inevitable. Esta necesidad de compensar la disminución de la velocidad del bate es real, y estas compensaciones que los bateadores deben hacer a menudo se pasan por alto al evaluar a los bateadores mayores.
Estos cambios mecánicos no son gratuitos. Comenzar el swing antes significa que las decisiones deben tomarse antes. La ventana para esperar, reconocer y ajustar se reduce. El timing se vuelve menos flexible, no más. Y ese es uno de los principales problemas que surgen a medida que los jugadores envejecen y su velocidad de bateo disminuye: se ven obligados a tomar decisiones antes, con un enfoque más hacia el lado de bateo y una ventana de oportunidad reducida. Este es el impuesto oculto del envejecimiento en la velocidad del bate: no solo se reducen las habilidades, sino también el margen de error para los bateadores.
Thank you for reading
This is a free article. If you enjoyed it, consider subscribing to Baseball Prospectus. Subscriptions support ongoing public baseball research and analysis in an increasingly proprietary environment.
Subscribe now






















