Image credit: © Stephen Brashear-Imagn Images
Traducido por Carlos Marcano
En sus 16 años de carrera en las Grandes Ligas, Todd Zeile nunca tuvo una campaña en la que abanicara al 40% de los lanzamientos que vio. En total, su promedio fue del 36.0%, y en seis de las últimas nueve temporadas de su carrera, abanicó menos del 35% de las veces. Rickey Henderson era bastante mayor que Zeile, y no tenemos datos lanzamiento por lanzamiento de los primeros años de su carrera, pero a partir de 1988, abanicó a solo el 33.0% de los lanzamientos que vio, y tuvo 10 temporadas con al menos 300 apariciones al plato y una tasa de swing inferior al 35%. Esos son dos de los casos extremos de la década de los 90s, pero están lejos de ser los únicos. En la memoria viva (para muchos de nosotros, al menos), podías ir al plato planeando hacer swing a solo uno de cada tres lanzamientos más o menos, y tendrías buenas posibilidades de tener éxito de esa manera.
La expansión y la revolución en el desarrollo de jugadores han puesto en peligro a esa especie de bateador, al punto de que están casi extintos. Desde 2007, solo nueve jugadores han tenido temporadas en las que vinieron a batear al menos 300 veces y abanicaron a menos del 33.3% de los lanzamientos que vieron. Solo 19 jugadores (sumando un total de 28 temporadas-jugador, contando a los que lo hicieron más de una vez) han abanicado al 35% o menos de los lanzamientos en dichas temporadas durante las últimas 19 campañas en las Grandes Ligas. Y ni siquiera eso captura lo rara que se ha vuelto esta hazaña. Así es como se distribuyen esas 28 temporadas-jugador a lo largo de los 19 años seleccionados:
2007-10: 16
2011-19: 10
2020-25: 2
Desde la pandemia, los únicos jugadores en abanicar a menos del 35% de los lanzamientos que han visto en una temporada de Grandes Ligas fueron Yasmani Grandal en 2021 (31.9%) y Daniel Vogelbach en 2022 (32.1%). Aunque Juan Soto coquetea anualmente con esta línea, no es tan estrictamente selectivo como podría implicar su tasa de boletos; él consigue algunos de sus boletos conectando batazos de foul obstinadamente cuando llega a conteos profundos.
La razón de esto es bastante simple: ya no puedes vencer al pitcheo de Grandes Ligas simplemente esperando. A medida que las velocidades han aumentado y las mezclas de pitcheo se han optimizado en toda la Liga, se ha vuelto mucho más difícil sostener niveles élite de habilidad de contacto (como lo hicieron Luis Castillo y Brett Gardner, hace tres lustros) sin sacrificar la selectividad al tener que abanicar temprano. Mientras tanto, los lanzadores simplemente han mejorado a la hora de llenar la zona de strike. El porcentaje de lanzamientos realizados dentro de la zona alcanzó un nuevo pico la temporada pasada, cruzando el umbral del 50% por primera vez con un 50.7%. Eso liquida al jugador cuya estrategia es ser paciente y castigar, que quiere recibir 100 boletos simplemente dejando pasar los malos lanzamientos—tipos como Daric Barton y Jack Cust, o incluso la versión joven de Matt Carpenter.
Desde hace tres años, el jugador que hace swing con una frecuencia excepcionalmente baja ha estado esencialmente extinto. La pregunta es: ¿Está su ADN atrapado en ámbar en algún lugar, listo para ser cosechado para la creación del próximo bateador de ese tipo? ¿O se han ido para siempre?
El infielder de los Mariners, Leo Rivas, es un dato emocionante si estás apoyando el regreso del rey del no-swing. Cuando se convirtió en agente libre de ligas menores después de 2022 y firmó con Seattle, el jugador y el equipo trabajaron juntos para reducir drásticamente su tasa de swing, y funcionó a las mil maravillas. Rivas tuvo un OBP de .318 en su última temporada en el sistema de Cincinnati. En 2023, eso se disparó a .411 en Doble-A con Arkansas. Fue de .441 en Triple-A en 2024, y .333 en una corta pasantía con los Mariners. El año pasado, subió a .471 en Tacoma y logró una formidable cifra de .387 con el equipo grande.
En ambas paradas, la temporada pasada, Rivas abanicó al 33.5% de los lanzamientos que vio. Hubiera sido razonable asumir que eso se traduciría mal de Triple-A a las mayores, y solo tuvo 111 apariciones al plato en la temporada regular para Seattle, pero su tasa de boletos se mantuvo muy fuerte y respaldó un OBP élite para él durante ese tiempo. Quizás, entonces, este tipo de jugador no se haya ido para siempre.
El jardinero de los Twins, Emmanuel Rodríguez, despertará las esperanzas de muchos amantes de dejar pasar lanzamientos, pero no parece probable que sea realmente el héroe que han estado esperando. Abanicó a solo el 31.7% de los lanzamientos que vio en ligas menores en 2024, pero eso aumentó al 38.1% el año pasado, ¡y ha estado por encima del 50% en la acción de la Liga de la Toronja esta primavera!. Presumiblemente, el perfil de Rodríguez seguirá incluyendo un enfoque muy paciente una vez que los juegos vuelvan a contar, pero parece haber hecho lo que uno podría asumir que Rivas tendría que haber hecho: ajustarse a un mejor pitcheo haciendo swing con más frecuencia. Debido a que el juego de Rodríguez involucra más poder pero una mayor vulnerabilidad a los ponches que el de Rivas, quizás sienta que una tasa de swing en el extremo inferior de la Liga es insostenible para él.
Los chicos que ofrecen un optimismo real para este arquetipo de jugador son escasos, pero hay dos más que vale la pena mencionar—incluso si tuviéramos que esperar un año para verlos. Ningún equipo en el béisbol abanicó menos el año pasado que los Brewers; ofrecieron el madero a solo el 45.4% de los lanzamientos oponentes. Estaban tan orgullosos de esa paciencia que contrataron a Vogelbach como entrenador de bateo de Grandes Ligas este año, para que (si su influencia como entrenador refleja el sesgo de su experiencia como jugador) pudieran reducir eso aún más. Eso hace que el desarrollo de dos bateadores del tamaño de Vogelbach que invitaron al campamento de Grandes Ligas esta primavera sea muy intrigante.
Brock Wilken abanicó a solo el 34.1% de los lanzamientos que vio para Doble-A Biloxi la temporada pasada. Luke Adams, un compañero bateador diestro de dos metros de estatura, fue aún más radical, con un 33.3%. En el tiempo que cada uno ha tenido con el equipo grande en los juegos de la Liga del Cactus, están abanicando incluso con menos frecuencia que eso, bajando alrededor del 30%. Aunque ninguno está tocando fuertemente la puerta para un equipo bastante cargado de profundidad en jugadores de posición, ambos son elegibles para el draft de la 5ta Regla este otoño, por lo que el equipo pasará este año haciendo evaluaciones importantes de cada uno de ellos. En otras organizaciones, podrían sentir la necesidad de ajustarse haciendo swing más a menudo, como lo hizo Rodríguez con los Twins el año pasado. Sin embargo, para una organización de los Brewers en la que Vogelbach se ha convertido en una voz importante, eso podría no ser cierto.
Lo curioso de Moneyball fue lo fácil que les resultó a los A’s aumentar su OBP. Todo lo que tenían que hacer era decirle a los jugadores que no abanicaran tantas veces. Ya no es así. Los lanzadores son tan superiores que ser extremadamente selectivo tiene tantas probabilidades de conseguirte un montón de ponches cantados como de resultar en un número llamativo de boletos. En el juego moderno, tener éxito haciendo swing a una tasa excepcionalmente baja es brutalmente difícil; requiere capas de excelencia en el enfoque y en el juicio de la zona de strike. Rivas es la prueba de que los tipos que no hacen swing aún pueden tener éxito, pero hasta ahora, está solo—y su enfoque único no ha resistido una prueba seria por parte de los lanzadores de Grandes Ligas. Si no vemos a alguien manejar una brillantez similar en una muestra más grande en el próximo año o dos, podría ser el momento de admitir que la estrella que hace swing menos del 35% de las veces se ha ido para siempre.
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