Image credit: © Steven Bisig-USA TODAY Sports
Traducido por José M. Hernández Lagunes
Los Angels perdían 2-0 al llegar al descanso de la séptima entrada el domingo por la tarde; sin embargo, han demostrado tener chispa esta temporada, y este partido no sería la excepción. El relevista de los Padres, Kyle Hart—un zurdo—entró al juego para enfrentarse a la parte baja del orden al bate de Anaheim, pero rápidamente permitió un doble al primer bateador, Oswald Peraza, y golpeó con un lanzamiento a Travis d’Arnaud. El mánager de los Angels, Kurt Suzuki, envió al veloz Bryce Teodosio como corredor emergente en lugar de d’Arnaud; de repente, la carrera del empate se encontraba en primera base, sin outs en la pizarra.
Desafortunadamente para el equipo local, el siguiente en el turno era Adam Frazier, lo que planteaba un duelo entre un bateador que registra una línea de .196/.271/.278 contra zurdos desde el inicio de 2024, y un lanzador zurdo que ha limitado a los bateadores zurdos a .197/.240/.310 desde que regresó a los Estados Unidos la temporada pasada.
Dado que Teodosio había entrado como corredor emergente por d’Arnaud (después de que Peraza entrara como bateador emergente por Josh Lowe), la suerte ya estaba echada. Suzuki sabía que tendría que utilizar a Logan O’Hoppe detrás del plato durante el resto del encuentro, y podría haber optado por enviarlo como bateador emergente en lugar de Frazier. Los Padres tenían al lanzador derecho de brazo potente, Bradgley Rodríguez, calentando en el bullpen; no obstante, Hart acababa de entrar al juego para iniciar la entrada, por lo que estaba comprometido a completar ese turno al bate. Sin embargo, en lugar de recurrir a O’Hoppe, Suzuki mantuvo a Frazier en la alineación y le pidió que ejecutara un toque de sacrificio. Frazier cumplió la orden, haciendo avanzar a los corredores a segunda y tercera base, con un out y el orden al bate a punto de reiniciarse.
En el teórico vacío, se trató de un toque de sacrificio tan sensato como este tipo de jugadas puede llegar a ser. Estar sin outs y con corredores en primera y segunda constituye el escenario ideal para ejecutar un toque, en términos del impacto puramente estadístico sobre la expectativa de carreras; además, cambiar el duelo de zurdo contra zurdo entre Frazier y Hart por un enfrentamiento de diestro contra diestro—con Zach Neto frente a Rodríguez—inclinaba la balanza a favor de los Serafines. Esto no solo se debe a que los bateadores derechos sufren en menor medida la desventaja de pelotón (el desbalance estadístico según qué brazo utilice el lanzador) en comparación con los zurdos, sino también a que Neto es un bateador muy superior a Frazier. Técnicamente, incluso podría afirmarse que el toque de sacrificio cumplió su cometido: Neto realizó un out productivo que permitió a Peraza anotar la carrera, reduciendo así a la mitad la ventaja de San Diego. Sin embargo, hasta ahí llegaron los Angels. Rodríguez (sensatamente) le otorgó una base por bolas intencional a Mike Trout y (previsiblemente) retiró a Nolan Schanuel para sofocar la reacción ofensiva. Permaneció en el juego para dominar la parte media de la alineación de Anaheim en la octava entrada, antes de que Mason Miller los pulverizara en la novena para sellar la victoria.
Esta es una historia familiar, pero solo si eres un aficionado de cierta edad. Si creciste con el juego tal como existía en la década de 1990 e incluso en la de 2000, este tipo de cosas sucedían decenas de veces, justo ante tus propios ojos. Aunque tengas que recurrir un poco a tu propia inteligencia artificial generativa interna y personal, puedes evocar en tu mente la voz gruñona de Earl Weaver, pronunciando con una sonrisa socarrona las palabras: “Si juegas para conseguir una sola carrera, eso es exactamente lo único que obtendrás”. Recuerdas que “war” significa “guerra” en inglés. El toque de bola solía ser un tema de debate candente por estos lares.
Sin embargo, desde hace años, ha quedado esencialmente relegado al olvido. Los intentos de ejecutar toques de sacrificio disminuyeron de manera constante pero notoria desde mediados de la década de los 90s hasta la temporada de 2021, tras la cual se desplomaron por completo; porque, por supuesto, esa fue la última vez que los lanzadores batearon en la Liga Nacional. El toque de sacrificio pasó 25 años cayendo en desuso, hasta tal punto que, una vez que a los jugadores a quienes los equipos pagaban estrictamente para evitar carreras se les dejó de pedir que participaran en la producción de las mismas, la jugada casi desapareció. Hubo casi 1,800 intentos de sacrificio en 2015 en toda la Liga, pero esa cifra se redujo hasta llegar a 1,160 para el año 2021—según Baseball Reference—y, una vez que se eliminó a los lanzadores de la ecuación, se desplomó hasta los 682. Ese año, la mediana de intentos para avanzar al corredor (o corredores) mediante un toque fue de 19. Si pasabas una semana sin ver a tu equipo siquiera intentar hacer un toque para avanzar a alguien, eso no resultaba extraño; eso era el béisbol.
Pero ahora, el toque ha regresado. Quiero decir, no ha regresado del todo—no entres en pánico ni nada parecido. Pero, en cierto modo, el toque está de vuelta. Cuando son los Angels—manejados por Kurt Suzuki—quienes hacen esto, es una cosa; pero no se trata únicamente de los Angels de Kurt Suzuki. Los Nationals están dirigidos por un grupo de tipos que se han pasado la vida entera vistiendo suéteres de cuello alto con cremallera y que creen que Brett Butler es ese sujeto con aspecto de muñeco Ken que sale en las noticias de racistas; sin embargo, ya han intentado 10 toques de sacrificio este año, cuando en todo el 2025 solo intentaron 24. Los Rays—literalmente los Rays, que intentaron 12 sacrificios en 2022 y 12 en 2023—han intentado 13 en lo que va de esta temporada, mucho antes de que comenzara el mes de mayo.
Hay que admitir que, en muchos lugares donde se están disputando los partidos de la Liga, todavía hace bastante frío. En muchas zonas, el ambiente es bastante húmedo. La pelota no tiene una vitalidad especial. En una liga que batea .238/.321/.383, un toque tiene un poco más de sentido del que tendría si soplaran cálidas brisas que favorecieran el vuelo de la pelota y las defensas estuvieran todas en su mejor nivel. Aun así, al comenzar el domingo, íbamos camino de registrar 1,052 intentos de toque de sacrificio este año, suponiendo el mismo número de apariciones al plato que vimos en 2025. Eso supondría 165 intentos más que los 887 del año pasado, cifra que, a su vez, superó en 102 a la del año anterior. Los 785 intentos de sacrificio de 2024 representaron 103 más de los que realizó la Liga en 2022.
Tampoco se trata estrictamente de regalar outs. También vamos camino de registrar 438 hits mediante toques de bola, lo que supondría 97 más que el año pasado y la cifra más alta vista en las Grandes Ligas desde 2018. Esos Rays, ahora tan aficionados a los toques, no se encontraron con ninguna situación propicia para un sacrificio el domingo, durante su derrota por 6-3 ante los Pirates; sin embargo, el equipo local consiguió tres hits gracias a esta estrategia. El toque de Billy Cook fue uno de esos casos en los que la consigna es: “sacrifícate, pero siéntete libre de embasarte si logras ganarle la carrera a la pelota”; por su parte, Jake Mangum y Konnor Griffin pusieron a trabajar su combinación de velocidad y perfil de bateo, colocando toques de bola hacia espacios que los Rays no estaban preparados para defender adecuadamente. Esta práctica también se está volviendo cada vez más habitual.
Por supuesto, sería demasiado pronto para declarar esto como una tendencia consolidada; no obstante, no es más que la última manifestación de una tendencia al alza en todo el béisbol, una tendencia que comenzó tras apenas un año de que la Liga dejara de incluir a los lanzadores en sus alineaciones de bateo. Este gráfico muestra el número de toques de bola puestos en juego, desglosados por temporada.

Los Brewers vencieron a los Blue Jays la semana pasada ejecutando tres toques de bola consecutivos: dos de sacrificio, intercalados con un toque que resultó en un sencillo. La velocidad fue determinante. El corredor que avanzaba base tras base era el veloz Garrett Mitchell, por lo que la tentación de Toronto de intentar poner fuera al corredor de la delantera se vio algo mitigada. Y lo que es igual de importante: los tres bateadores que ejecutaron el toque (Greg Jones, David Hamilton y Joey Ortiz) poseen una velocidad superior al promedio o incluso mejor; así fue como Hamilton logró convertir su toque en un sencillo.
Los equipos siempre intentan optimizar su posicionamiento defensivo, pero rara vez vemos que adopten alineaciones agresivas destinadas a frustrar los toques de bola. Incluso en la era posterior a la prohibición de los reacomodos defensivos, los equipos siguen desplazando a sus jugadores del cuadro—tanto como las reglas lo permiten—frente a muchos bateadores, lo cual deja resquicios que algunos de estos aprovechan para ejecutar toques de bola y conseguir imparables con facilidad. En un juego que hoy en día recompensa la velocidad un poco más que en el pasado, el toque de bola constituye un elemento más lógico dentro de una ofensiva equilibrada de lo que lo era hace unos años. Esto no significa necesariamente que sea racional esta tendencia de retorno del toque como parte integral del juego. No obstante, es la dirección que están tomando las cosas. Si viviste la época de las “guerras del toque de bola”, probablemente pensarás que aquel conflicto había sido definitivo; pero resulta que no fue así. Como ocurre con la mayoría de las cosas, la actitud de la Liga hacia el toque sigue siendo cíclica. Vimos cómo el toque tocó fondo; ahora estamos presenciando su resurgimiento. No recuperará el nivel de prevalencia que tuvo en el pasado, pero se ha convertido en una de esas “especies en peligro de extinción” que ahora está siendo reintroducida en algunos de los hábitats de los que había desaparecido.
Al fin y al cabo, el arte del toque no ha muerto.
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